Showing posts with label Agricultura. Show all posts
Showing posts with label Agricultura. Show all posts

Wednesday, October 23, 2013

Séptimo Festival de la Milpa: Comunidades Indígenas en Resistencia




Tres meses antes del aniversario número 20 del TLCAN me encontraba en un viejo bus escolar viajando por la Sierra Juárez en Oaxaca, México. El paisaje era increíblemente hermoso. Mientras el bus se desplazaba por las curvas de la carretera podía ver la vegetación densa y verde de las montañas, que parecían interminables.

La flora y la fauna de la Sierra Juárez se han preservado de esta manera porque tienen unos aliados muy poderosos: las personas indígenas que han peleado durante siglos para proteger su territorio, su cultura, su manera de vivir, y a la madre naturaleza. Una nube de mariposas, indicadora de la vasta biodiversidad de la región, me recibió cuando llegué a Santa Gertrudis.

Viajé a Santa Gertrudis para participar en la Séptima Feria de la Milpa, un evento organizado por la Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez (UNOSJO). Durante el evento, participantes de Guatemala, Honduras, Brasil, y México discutieron maneras de proteger el territorio y las semillas nativas.

Me llené de inspiración cuando los organizadores comunitarios y los campesinos hablaron acerca de sus experiencias de resistencia, y cuando compartieron su análisis y sus conocimientos con los demás. Los miembros de estas comunidades perseveran a pesar de los esfuerzos del gobierno mexicano y de las compañías transnacionales para transformar el campo mexicano en algo que puedan explotar y de lo que se puedan lucrar más fácilmente.


La transformación del campo mexicano


La mayoría de las personas que trabajan el campo en México son parte de grupos indígenas marginalizados. Históricamente han cultivado comida para sus familias en pequeñas parcelas y usando tecnologías sustentables que se transmiten de generación a generación.


 

Desde que se aprobó el TLCAN, los programas de agricultura del gobierno han apoyado a corporaciones y transnacionales en lugar de apoyar a los campesinos, quienes al no poder competir se ven en una situación de más pobreza y migración forzada a los Estados Unidos.

El gobierno mexicano está trabajando con varias compañías estadounidenses (Monsanto, Dow, Pioneer, DuPont, etc.) para transformar la agricultura mexicana en un sistema de exportación y monocultivos que sea dependiente de agroquímicos y semillas transgénicas o híbridas.

El ideal neoliberal es que las personas produzcan comida para vender (no para autoconsumo) y que compren productos del mercado global (producidos por las transnacionales). Esto se logra al crear las condiciones para que sea más caro cultivar comida que comprarla, o al imponer programas gubernamentales con los cuales los campesinos se vuelven dependientes de los insumos producidos por las transnacionales. Estas situaciones terminan con  las prácticas tradicionales que han permitido que las comunidades indígenas sean autosuficientes y sustentables por siglos.

Los campesinos indígenas que quieren defender sus semillas y su sistema tradicional de cultivo tienen que pelear contra esta clase de programas de gobierno y contra
campañas mediáticas a nivel nacional. La lucha más emblemática a este sistema en México, ha sido la lucha para defender el maíz nativo.

En defensa del maíz


El maíz fue domesticado en México hace miles de años y un gran porcentaje de la diversidad del maíz del mundo se encuentra en este país (solamente en el estado de Oaxaca hay 35 razas).

En 1998 el gobierno mexicano declaró un moratorio del cultivo de maíz transgénico, pero esta clase de maíz ya se distribuía a familias de bajos recursos por medio de un programa gubernamental de seguridad alimenticia que distribuía maíz estadounidense transgénico y barato.

En el 2001, Ignacio Chapela, un científico de la Universidad de Berkley, encontró maíz transgénico en la Sierra Juárez de Oaxaca. Probablemente la contaminación se dió cuando un campesino cultivó el maíz que obtuvo por medio del programa del gobierno sin saber que era transgénico.

En el 2005, la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados le abrió las puertas de México a los transgénicos. La ley, hecha para regular la cultivación de transgénicos, es tan beneficiosa para las multinacionales, que se le empezó a llamar la Ley Monsanto por todo el país.

En el 2008, por la primera vez en la historia de México, el gobierno autorizó el cultivo de maíz transgénico en varios estados del norte del país. El actual presidente de México Enrique Peña Nieto, autorizó el cultivo 250,000 hectáreas adicionales.

En todo este tiempo, los campesinos y grupos de la sociedad civil han estado peleando contra estas iniciativas. Sin su resistencia, los transgénicos probablemente serían la regla en las zonas rurales de México. Algunas de las preocupaciones relacionadas con los transgénicos son: los efectos de salud que puedan causar en los humanos, la contaminación de cultivos no transgénicos, la contaminación de las áreas de origen del maíz, la pérdida de diversidad genética que podría suceder si el maíz transgénico se vuelve el estándar, la dependencia de las comunidades rurales a las caras semillas transgénicas y agroquímicos, la perdida de sistemas tradicionales de producción, y los efectos de los transgénicos y agroquímicos en el medio ambiente.

La resistencia a los transgénicos ocurre diariamente, cuando campesinos o comunidades enteras se rehúsan a usar semillas que no sean nativas o cuando no usan agroquímicos. A veces esto significa que se tienen que abstener de participar en los programas del gobierno.

PROCAMPO, por ejemplo, es un programa de ayuda del gobierno creado para apoyar a campesinos que cultivan maíz. El programa distribuye vales que se pueden cambiar por semillas y otros productos agrícolas. Muchos campesinos de bajos recursos dependen de esta clase de programas para poder sembrar. Desafortunadamente los vales sólo se pueden usar para comprar semillas de maíz híbrido y paquetes tecnológicos que incluyen agroquímicos (la mayoría de los cuales son hechos en Estados Unidos).

Otro ejemplo es la Cruzada Contra el Hambre, uno de los programas principales de la administración de Peña Nieto. El programa es famoso por asociarse con corporaciones transnacionales y por distribuir comidas procesadas y poco saludables en las comunidades de bajos recursos (en lugar de promover comidas saludables). La iniciativa incluye el Programa de Agricultura de Autoconsumo en Oaxaca. Este programa tiene como objetivo dar ayuda a campesinos de Oaxaca que cultivan productos para autoconsumo. El modelo del programa es el mismo que el de PROCAMPO: los campesinos reciben “ayuda” por medio de semillas híbridas y agroquímicos.

Para aquellos que participan en los programas del gobierno no existe la opción de recibir semillas nativas o de recibir ayuda para cultivar maíz de una manera tradicional. Los programas hacen que sea más caro producir maíz nativo, y se aseguran de que los campesinos se vuelvan consumidores dependientes de semillas y tecnologías extranjeras.

Lea la declaración del Espacio Estatal en Defensa del Maíz Nativo de Oaxaca acerca delPrograma de Agricultura de Autoconsumo en Oaxaca.

A pesar de la falta de apoyo del gobierno y de la presión para que participen en estos programas, los campesinos e indígenas siguen resistiendo.

En Julio, campesinos, organizaciones y activistas presentaron una demanda legal colectiva en contra de las autoridades federales y las compañías que han sido participes en la legalización y el cultivo de transgénicos en México. El 10 de Octubre un juez federal falló a su favor, suspendiendo todos cultivos y planes para cultivar transgénicos en México hasta que se resuelvan una serie de demandas relacionadas con el tema. Esto ha ofrecido esperanzas de que algún día los cultivos transgénicos serán permanentemente prohibidos en el suelo mexicano. ¡La lucha sigue!

En la Feria de la Milpa escuché a muchas personas hablar acerca de las posibles soluciones para los problemas del campo: que el gobierno apoye el uso de las semillas nativas y las técnicas de cultivo ancestrales, que se valore y se apoye el conocimiento indígena, y que se mejoren las técnicas de producción de una manera respetuosa con el medio ambiente y la manera de vida indígena.

Al recordar las caras y las voces de los campesinos que conocí en Santa Gertrudis, pienso en todas las personas en los Estados Unidos que están peleando batallas muy parecidas en contra de los transgénicos, los monocultivos, y los agroquímicos. En Estados Unidos la gente tiene la responsabilidad adicional de hacer que su gobierno y las compañías estadounidenses se hagan responsables por su papel en la implementación de tantas políticas neoliberales que afectan a los países del sur. Mientras trabajamos juntos, de manera transnacional, me siento segura de que podremos ganar esta pelea.



 

¡Involúcrate!

Más información:


Organizaciones Campesinas Rechazamos el “Programa de Agricultura de Autoconsumo en Oaxaca”

El Programa atenta contra la agricultura campesina, las razas y variedades nativas de maíz, además de dañar el ambiente y la salud.

Hacemos un llamado al Lic. Enrique Pena Nieto, Presidente de la República, al Lic. Enrique Martínez y Martínez, Secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, al Lic. Teodulo Manuel García Corpus, Delegado Estatal de Sagarpa, Oaxaca y les expresamos lo siguiente:

Como parte de la Cruzada contra el Hambre el gobierno impulsa a nivel nacional el programa de “Agricultura de autoconsumo en apoyo a pequeños productores de maíz de hasta tres hectáreas”, en 1,122 comunidades, ubicas en 50 municipios del estado de Oaxaca.

El apoyo a la agricultura de autoconsumo es muy importante para garantizar la seguridad alimentaria de las familias y fortalecer la soberanía alimentaria del país. De acuerdo a datos de la Sagarpa al menos 8 millones de toneladas de maíz (cerca del 30 por ciento de la producción nacional) no entran a los mercados ya que se destinan al consumo humano y animal en las comunidades en las que se producen.

El programa de agricultura de autoconsumo en Oaxaca plantea otorgar el equivalente a $2,200 pesos por hectárea, con un límite máximo de 3 hectáreas por productor que se entregarán en insumos: semillas híbridas o criollas mejoradas, fertilizantes químicos o biofertilizantes, plaguicidas, herbicidas y silos metálicos, que deben comprarse a los proveedores de agroquímicos certificados.

Por lo anterior consideramos que:
  1. Este tipo de subsidios debilitan la agricultura de autoconsumo al aumentar la dependencia de los campesinos a los insumos externos, que en este momento se otorgan de manera gratuita, pero después deberán ser pagados. El programa beneficia más a las empresas productoras de agroquímicos, semillas e implementos agrícolas, que a los campesinos a quienes se destinan.

  2. En muchas de las comunidades y municipios elegibles por el Programa los campesinos mantienen y conservan las semillas de razas nativas antiguas y variedades de maíz endémicas, adaptadas a las particulares condiciones ecológicas de cada región. El Programa provocará la pérdida de la diversidad de razas y variedades de maíz nativas que existen en el estado. Las semillas campesinas serán desplazadas por semillas homogéneas, híbridas o criollas mejoradas, que en muchos casos no podrán adaptarse a los nichos ecológicos, ni resultarán en mejores rendimientos. Además estudios científicos han documentado casos de contaminación transgénica de lotes de semillas comerciales, certificadas o declaradas que venden las compañías como híbridas convencionales o centros de mejoramiento.

  3. El trabajo de mejoramiento de las semillas nativas que realizan los campesinos no es reconocido ni apoyado por el Programa. Los conocimientos campesinos sobre las semillas corren el riesgo de perderse al aceptar dejar de sembrar las semillas propias y optar por las variedades comerciales. Además la cocina oaxaqueña considerada patrimonio de la humanidad, depende de la existencia de la diversidad de variedades nativas.

  4. En muchas de las comunidades los campesinos utilizan técnicas tradicionales y también agroecológicas que les permiten obtener una producción de alimentos sanos, nutritivos y de buena calidad. El Programa fomenta una agricultura que tiene como base el uso de paquetes tecnológicos, con alto contenido de fertilizantes y plaguicidas químicos, que disminuirá la calidad nutricional del maíz que es nuestro principal alimento.
Rechazamos el programa de Agricultura de autoconsumo. Apoyo a pequeños productores de maíz de hasta 3 hectáreas, debido a que amenaza la diversidad de razas y variedades nativas de maíz, pone en riesgo la alimentación y la salud de las comunidades, poluciona el ambiente, aumenta los factores que provocan la crisis climática, atenta contra la cultura y destruye la economía campesina. 

Solicitamos al gobierno abrir una alternativa a este programa en el estado de Oaxaca que promueva el mejoramiento campesino y la siembra de las razas y variedades nativas de maíz, fomente las técnicas de agricultura tradicional y agroecológica con base en insumos producidos localmente y garantice la alimentación, la salud y la nutrición de la población de las comunidades, con respeto a nuestra cultura y al ambiente. 

“2013, Año de la resistencia y la Defensa del Maíz Nativo de Oaxaca y todo el Territorio Nacional” 
Mayo 2013

Tuesday, October 8, 2013

Aprendiendo a Amar a Nuestro Prójimo: Un sermón de solidaridad con México


por Valerie Miller-Coleman

Lucas 9:51-62

Hace un par de semanas, siete de nosotros fuimos al sur de México, al estado de Oaxaca, para pasar algún tiempo aprendiendo a amar a nuestro prójimo. Yo pienso que las experiencias de inmersión como ésta son como una especie de campo de entrenamiento para el discipulado.  Experimentamos los costos y las alegrías de amar a nuestro prójimo de una manera rápida y densa. El primer día no la pasamos viajando . El segundo día participamos en seminarios sobre la economía mexicana, la historia política de México, y particularidades culturales de la región. También desarrollamos una filosofía que nos serviría de guía en las relaciones que construiríamos en los próximos días.

El enfoque de esa filosofía era el siguiente: nosotr@s participamos en relaciones humanas complejas, determinadas por el poder y los privilegios que tenemos y otras fuerzas sociales fuera de nuestro control. Esto afecta nuestras relaciones con nuestr@s prójim@s mexican@s, aún antes de conocerl@s. Con el fin de participar en una relación significativa con ell@s, hay que prestar atención a cómo estas fuerzas sociales impactan nuestras creencias y nuestras decisiones. Esta es una filosofía grande y ambiciosa.

Nuestras líderes maravillosas de Acción Permanente por la Paz nos enseñaron a ver nuestros privilegios y nuestro poder como partes activas de nuestras relaciones con nuestros prójimos mexicanos. Nos enseñaron a ver cómo nuestro poder y nuestros privilegios influyen nuestras relaciones con ell@s de una manera activa. Nuestros privilegios nos aíslan de tal manera de que podemos elegir ignorarlos, si nos conviene, pero los mexicanos nunca tienen la opción de ignorarnos a nosotros. Nuestro poder económico y político influye sus vidas diariamente. Por eso, pasamos los siguientes días escuchando con mucha atención, para entender cómo ell@s perciben el mundo y cómo nuestro gobierno y las corporaciones estadounidenses afectan sus vidas.

Una noche, en un pueblo pequeño, me senté a hablar con Petrona,  Juan, y su hijo de 15 años, David. El hermano de Petrona migró a los EE.UU hace algunos años. El maíz estadounidense barato, vendido en su mercado, hizo que él no pudiera ganar suficiente dinero para cubrir los costos de sus cultivos. Así que salió de México a los Estados Unidos para buscar empleo, y  desde entonces no han sabido nada de él. Esto ocurrió hace años. Petrona se preocupa mucho por él y le gustaría venir a EE.UU para buscarlo, pero le costaría demasiado dinero y los trámites son muy intimidantes. Ella se pregunta si todavía estará vivo.

Petrona me llevó a una fiesta de cumpleaños para su sobrina Yolanda. Había mucha barbacoa, muchos familiares, un montón de pastel,  y much@s niñ@s. Yolanda se veía radiante con su delantal floral. Cumplió treinta y tres años. Hablamos un buen rato esa noche y ella me contó su historia. Yolanda se mudó a Anaheim, California con sus padres cuando era una adolescente, y vivió allí hasta hace cuatro meses.  Su marido, hija de cinco años, e hijo de siete años todavía están en California. Cuando Yolanda estaba en EE.UU, se quedó más tiempo de lo que permitía su visa, lo que resultó en la perdida de su estatus migratorio.  Yolanda regresó a su pueblo natal para tratar de regresar legalmente a EE.UU, pero el proceso es lento y ella no está segura de cuándo va a poder ver a su familia de nuevo. Los niños la llaman todas las noches llorando. Su hermana dice que nos les va bien  en la escuela, a pesar de que sus dos hij@s siempre han tomado clases avanzadas para estudiantes dotados y talentosos. 

Petrona me dijo que Yolanda es su sobrina favorita y que se alegraba mucho de que ella estuviera en su casa, pero que también estaba preocupada por l@s niñ@s., A ella le gustaría que los niños pudieran vivir más cerca, pero en realidad no hay trabajo para sus papás. Petrona y Juan sobreviven con lo que ganan del trabajo que hace Juan como jornalero, vendiendo los tapetes que hacen a mano, y cultivando sus propios alimentos. Se las han arreglado para comprar una computadora portátil para David, y a él le va muy bien en la escuela. Sin embargo se preguntan por cuánto tiempo se quedará en el pueblo después de graduarse.

Estas son las historias que escuchamos, unas pocas entre muchas, y las escuchamos porque elegimos escuchar atentamente. Decidimos no pagar por una habitación de lujo en un hotel, y en lugar de eso pasar la noche con Petrona, Juan y David. Y les digo, fue incómodo. Yolanda lloró cuando me contó cómo se sentía pensando en mí regreso a casa, viendo a mi hija Lucy, cuando ella no tiene ni idea de cuándo volverá a ver a su hija. Ella me pidió que le ayudara y que no la olvidarla. Por mi parte, quería fingir que yo no era como soy.  Quería poner un poco de contexto entre nosotras. Quería decirle que no controlo las leyes migratorias y que no soy responsable de cuánto tiempo sus hijos se permanezcan despiertos cada noche llorando… pero, ¿saben qué? Lo soy. Yo voto en este país y yo soy responsable de nuestras leyes migratorias. Yo soy responsable de las lágrimas de sus hijos. Soy responsable por el hermano de Petrona. Soy responsable por la opciones de trabajo y carrera de David. Yo soy responsable de estas personas porque son mis hermanos y hermanas como hijos de Dios, y porque mi vida impacta directamente a las suyas. Incluso si elijo ignorarlos, ellos no pueden optar por ignorarme a mi.

En la Iglesia de Plymouth decimos que nos dedicamos a crecer en el amor de Dios y el prójimo. Y esa es nuestra aspiración.  Sin embargo, como en cualquier relación, crecer significa cambiar. Significa dejar ir algunas cosas y abrirse a otras. Jesús nos invita a entrar en el pacto del discipulado. Como el pacto de matrimonio, el pacto del discipulado tiene que ser elegido libremente y con regularidad. Y el discipulado, como el matrimonio, nos cuesta algo, incluso mientras nos moldea en otra versión de nosotros mismos. Jesús habla muy claramente al respeto. Si nos parece confuso es porque elegimos no verlo claramente. Hace un momento él dijo, ‘los que quieran salvar su vida la perderán, pero quien pierda su vida por mi causa, la salvará’. Él dice, no tendrás una cama cómoda. Él dice, tendrás que renunciar a algunas obligaciones sociales importantes. Él dice, será difícil mantener algunas de tus relaciones. Él dice, esta decisión es importante. Te cambiará la vida. Y creo que nos está hablando a nosotros.

Si elegimos el discipulado, si tomamos la decisión de crecer en el amor, nos costará nuestra certeza, nuestras medias-verdades cómodas, algunas de nuestras relaciones, nuestro aislamiento y nuestras ilusiones. El amor por el prójimo, entrenamiento que acabamos de cumplir en México, nos costó todas estas cosas. No construimos ni un baño. No disfrutamos de la gratitud de la gente pobre recibiendo nuestros regalos preciosos. Nos sentamos a cenar juntos y escuchamos. Celebramos el trabajo duro, la sabiduría, y el valor de las mujeres que se dejan atrás mientras que sus hijos y hermanos y esposos buscan trabajo a miles de millas de distancia para apoyar a sus comunidades. Nuestras almas crecieron. La vida se hizo más abundante mientras que la compartimos. Ahora nos conocemos mejor a nosotr@s mism@s. Y amamos un poco mejor a nuestro prójimo porque sus historias se han convertido en parte de la nuestra. Demos gracias a Dios. Amén.

Wednesday, August 21, 2013

Mi experiencia en una delegación a Oaxaca acerca de las raíces y las realidades de la migración

por Jessica del Villar


Recientemente tuve la oportunidad de ir a una delegación llamada Raíces y Realidades de Migración en Oaxaca, México con dos organizaciones llamadas Acción Permanente por la Paz y Acción Estudiantil con Trabajadores Agrícolas (SAF). El objetivo de este viaje era, como su nombre lo indica, estudiar las causas de la migración y la dura realidad de este problema. Aunque este viaje empezó como una experiencia educativa, para muchos de nosotros los delegados, fue mucho más que eso.

Ser una estudiante mexicano-estadounidense en Duke, sin duda, ha tenido algunos retos. Irme de una comunidad que estaba tan inundada de latinos, donde era una necesidad hablar español, a una comunidad como la de Duke, donde los hispanos son claramente la minoría, fue un shock cultural más grande de lo que podía haberme imaginado. Terminando mi primer año definitivamente estuve cuestionando mi identidad y el papel que jugaba como persona fuera de mi comunidad. Junto con el deseo de estar más educada acerca de los impactos de la reforma migratoria, quise encontrar una manera de conectarme con una cultura de la que me sentía tan aislada en Duke, y esperaba que un viaje a México me ayudara a hacer eso.

Logísticamente hablando, mi visita de diez días a Oaxaca incluyó viajes a diferentes ciudades, una corta estancia con una familia, y varias presentaciones. Comimos comida auténtica mexicana, pasamos nuestras tardes libres en la ciudad, y disfrutamos la cultura tanto como nos fue posible. Unos días después de comenzar nuestro viaje visitamos a un pueblo en las montañas llamado Capulalpam de Méndez. Capulalpam es conocido por su auto-suficiencia y su increíble lucha continua contra las empresas mineras. Capulalpam utiliza su hermoso paisaje para atraer a los turistas y educarlos sobre la presencia del megaproyecto en su pequeña ciudad.

También visitamos a la organización CEDICAM en Nochixtlán, una ciudad en el otro extremo del espectro, que luchaba por la falta de agua, el mal clima, y la dificultad para atraer a la juventud para trabajar en el campo. Ellos utilizan un método de cultivo llamado milpa, que involucra el cultivo de frijoles, calabaza y maíz juntas en la misma área. Por lo que entendí, la siembra de estas semillas en conjunto permite una agricultura más eficiente. Los tres cultivos se ayudan los unos a los otros en el proceso de crecimiento. Este concepto de la milpa también describe una comunidad ideal en la que las personas se ayudan mutuamente a crecer.

Después visitamos la comunidad de Teotitlán del Valle. Hablamos con las mujeres de Vida Nueva, una cooperativa de tejedoras que ganan un precio justo por su trabajo. Durante nuestra visita, pudimos sumergirnos totalmente en la vida diaria de la familia. Cocinamos con nuestras familias, llevamos a los niños a la escuela, y visitamos el mercado local en la mañana.

Personalmente, estos dos días fueron la mejor parte del viaje. Este pequeño pueblo con sus casas simples y pocos caminos pavimentados, me hizo pensar en lo que pudo ser la infancia de mi abuela. No fue sólo una experiencia muy educativa sino también una muy emocional. Desde el uso del mismo jabón de lavar (Zote), a la presencia invariable de Coca Cola, era como si mi abuela estuviera allí conmigo. Poder tener esta experiencia y estar en ese lugar fue… pues... realmente no puedo describir como fue, solo sé que se sentía bien. Fue como si finalmente entendiera algo que yo no había entendido por mucho tiempo. Entendí por qué mi abuela y sus hijos (incluyendo mi mama) habían hecho el peligroso viaje a los Estados Unidos. Entendí por qué todas las mujeres en mi familia eran tan buenas trabajadoras, y por qué se enfocaban tanto en salir adelante y mejorar el futuro de sus familias. Comprendí de dónde venían los pequeños hábitos y dichos de mi abuela, y sentí que todo estaba bien. Esto era lo que yo había ido a buscar. Este sentimiento de que todo estaba bien.

Salir de Teotitlán fue la parte más difícil de este viaje. Yo no sé por qué. Al entrar, yo sabía que mi familia adoptiva tenía que seguir adelante con su vida y que yo tenía que seguir con la mía. No esperaba sentirme tan unida a ellos, ni que les sentiría tanto respeto en tan solo dos días.

Al salir de Teotitlán, visitamos COMI, un refugio de migrantes que ofrece alimento y refugio a los migrantes que viajan al Norte. Aquí hablamos con un miembro de la organización y con un grupo de 8 a 10 inmigrantes de diferentes países de América Latina. Las historias más conmovedoras de estas personas eran las de dos niños que hacían el viaje. Un niño de 11 años y una niña de 8 años que se encontraban en el día 15 de su viaje desde El Salvador a los Estados Unidos. Yo he crecido alrededor de inmigrantes de primera generación durante toda mi vida, pero nunca había encontrado niños tan pequeños que habían hecho el viaje. Las historias de los otros migrantes por supuesto fueron difíciles de escuchar, pero al ver a estos niños sentados allí durante nuestra conversación, sin entender las dificultades que enfrentarían me rompió el corazón.

¿Qué futuro les esperaba a ellos? En primer lugar, su futuro podría llevarlos por dos caminos diferentes. Llegarían a la frontera, o ... no? Si cruzan con éxito a los Estados Unidos, se enfrentarán a un gran shock cultural y una transición muy difícil en la escuela. Además de estas dificultades, seguramente enfrentarán el racismo y la discriminación. Cuando crezcan tal vez no podrán obtener una licencia para manejar, solicitar ayuda financiera, o en general tener las otras oportunidades que otros niños tienen. ¿Por qué deberían verse afectados con un futuro que no eligieron? ¿Por qué deberían sufrir estas consecuencias? Sólo son niños.

No sé.

Estoy segura de que no escribí un montón de cosas acerca de mi experiencias en Oaxaca, y que después de publicar esta reflexión me arrepentiré de no haber escrito de una cosa o la otra, pero en general, esta fue mi experiencia. La gente me pregunta cómo me fue en Oaxaca, pero no es fácil describirlo en un par de frases. Estoy segura que estas líneas no son  lo mejor del mundo, pero espero que al menos les hayan proporcionado una idea de lo que aprendí, y espero que inspire a otros a aprender más acerca de las causas y efectos de la migración.

Mi tiempo en Oaxaca me dió algunas de las experiencias más memorables y educativas de mi vida (hasta ahora) y estoy eternamente agradecida a todas las personas que hicieron posible este viaje.

En una última nota:

Espero que mi familia adoptiva esté bien y que sigan siendo tan felices como lo eran cuando los conocí.

Espero que los dos niños salvadoreños hayan llegado a los Estados Unidos de manera segura. Espero que todavía puedan experimentar algunas de las alegrías que todos los niños deben ser capaces de vivir. Espero que la niña piense en mí el 12 de mayo, nuestro cumpleaños compartido, por que sin duda voy a estar pensando en ella. Y espero que prosperen y no lleguen a ser amargados por su situación como inmigrantes en los Estados Unidos. Espero que no le echen la culpa a su mamá.

Espero que estadounidenses de mente cerrada puedan dejar de ser tan ignorantes y realmente se eduquen a si mismos acerca de la experiencia migratoria.

Y espero que esto haya provocado algún pensamiento en la historia migratoria personal de cada lector y que se hayan dado cuenta de que, sea hace diez años, o cien, todos venimos de alguna parte y ese algún lugar no es aquí.