Wednesday, April 30, 2014

La Realidad del Libre Comercio

by Sophie Nikitas
Mexico es la cuna de alrededor de 60 variedades de 
maíz nativo, el cual es amenazado por los
 transgénicos. Transnacionales como Monsanto 
son favorecidas bajo el TLCAN. 

Los mayas tenían una mitología para explicar la creación del hombre: las deidades trataron de hacer el primer hombre del lodo, y después de madera, pero ningún hombre les parecía satisfactorio. Entonces trataron una vez más y utilizaron el maíz. Por fin, lograron crear el hombre que podía trabajar la tierra y venerar a las deidades. Esta historia es un ejemplo de la importancia histórica del maíz, no solamente como comida en México, sino también como parte integral de la cultura y la identidad mexicana.

Presencié la importancia del maíz cuando viajé con la organización no gubernamental Acción Permanente por la Paz (Witness for Peace) a México. Fui parte de un programa que estudió cómo la venta de los alimentos entre los EE.UU. y México afecta el estado de Oaxaca en particular. Lo que mis colegas y yo aprendimos sobre los efectos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, y NAFTA en inglés) es que ha dado resultados muy diferentes de los que el gobierno estadounidense quiere que creamos. En particular, vi cómo el libre comercio afecta la producción y el acceso al maíz.

La mayoría del discurso de los gobiernos estadounidenses y mexicanos sobre el comercio libre se trata de los beneficios que otorga. Por ejemplo, en la fase de las negociaciones del acuerdo, predicaban que la economía mexicana crecería y que más campesinos tendrían la oportunidad de vender sus productos en el mercado internacional. Asimismo, insistieron que el tratado iba a favorecer el desarrollo; suponiendo que los campesinos comprarían sus alimentos y que trabajarían en otros sectores más lucrativos de la economía. Cuando el TCLAN entró en vigor hace 20 años, los gobiernos de los Estados Unidos, Canadá y México quitaron todas las tarifas de los productos importados, y el comercio libre empezó.

El México de hoy en día es muy diferente al de antes de 1994, pero no de la manera en que se imaginaba. En realidad, los políticos han hecho un México más dependiente de la economía y de los recursos de los EE.UU., y por lo tanto, en la actualidad muchos menos mexicanos son autosuficientes. En particular, los campesinos que sembraban maíz eran considerados pobres por el gobierno—pero de hecho eran más autosuficientes porque estaban cultivando su propia comida y tenían más control del mercado local. Pero los últimos 20 años han sido duros para ellos. Las políticas para promover “el desarrollo” les han hecho más difícil cultivar el maíz y otros cultivos esenciales, y actúan a favor del trabajo en las fábricas.

Para favorecer este supuesto desarrollo, el gobierno mexicano empezó a importar el maíz barato de los EE.UU. Los campesinos mexicanos no pudieron competir con los bajos precios del maíz estadounidense, por lo que tuvieron que buscar trabajo en otros lugares. El gobierno promovió la búsqueda de trabajo en las ciudades, particularmente en las “maquiladoras” por parte de los campesinos.  Las maquiladoras son fábricas localizadas en “zonas de libre comercio.” Los gobiernos de EE.UU. y México dijeron que estas fábricas eran la mejor manera para desarrollar la economía mexicana y aumentar la riqueza de los trabajadores. Pero en realidad, no proveen ni seguridad corporal, ni financiera.


Para atraer las empresas transnacionales, las maquiladoras deben ofrecer el sistema de producción más barato. Este fenómeno se llama “carrera hacia el abismo”, y sucede cuando las fábricas ofrecen precios extremadamente baratos para que las empresas 
Las maquiladores se multiplicaron en Mexico con la entrada en vigor del TLCAN. Son criticadas por causar mucha contaminacion al medio ambiente, por condiciones peligrosas del trabajo, por bajos salarios, por solo contratar a mujeres jovenes, y por prevenir la formacion de sindicatos. 


multinacionales hagan contratos con ellas en vez de con las fábricas de la India, por ejemplo. No es de sorprenderse entonces, que son conocidas por sus condiciones poco seguras. La inseguridad laboral se caracteriza por muchas horas de trabajo, el uso de maquinaria peligrosa, y bajos sueldos que son una fracción de los de EE.UU. 

Los defensores del TCLAN dicen que las maquiladoras han creado 800.000 trabajos para los mexicanos pobres, pero en realidad, las maquiladoras son una alternativa peor que la de ser campesino porque eliminan la seguridad corporal, la autonomía económica de cultivar su propia comida, y el derecho de manejar su propia tierra. Aún más, lo que los defensores del tratado no mencionan es que se han perdido dos millones de trabajos agrícolas por causa del TLC. Entonces, hay muchas personas en Oaxaca y otras partes de México que están luchando contra estas políticas.

Durante la delegación, fuimos a una cooperativa oaxaqueño que me enseñó mucho: Michizá. Esta cooperativa ayuda a los pequeños productores de café indígenas a vender sus productos en el mercado de comercio justo en México y en  los EE.UU. Nos dijeron que uno de los retos principales que enfrentan es el precio alto de la certificación de comercio justo. Tomando en cuenta que su meta es que los agricultores reciban un precio justo por sus productos, es difícil hacerlo sin la certificación. De esta manera resulta más
Una de varios certificados de comercio justo
caro vender su café en el mercado estadounidense, donde hay más demanda para el café, que en México.

Lo que me pareció más interesante de la charla fueron los retos que enfrentan los campesinos para recibir compensación por su trabajo en el mercado internacional, dónde hay muchos intermediarios y costos escondidos, cosa que supuestamente el TLCAN iba a agilizar. Este es el gran reto para el comercio libre: abrir nuevas oportunidades en el mercado y asegurarse que los beneficios lleguen a los trabajadores. Creo que, para las corporaciones y las transnacionales que participan en el mercado del comercio justo, es fácil olvidar a quién produjo el producto. Entonces hay que trabajar a pequeña escala, tal vez a nivel local, para saber de dónde vienen nuestros productos y asegurarnos de que las personas que lo fabrican reciban un precio justo.

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