Wednesday, April 23, 2014

Semillas de la soberania

Por: Nina Schwartzman, delegada a Oaxaca, México
¿Que haría falta para que una ciudad o una región en Estados Unidos prohibiera las semillas transgénicas en su comunidad? ¿Para decir que prefieren sus semillas tradicionales a las semillas que corporaciones les ofrecen? ¿Para cultivar la comida que desean y ahorrar las semillas, en lugar de depender de abonos químicos, pesticidas, y semillas comerciales?
Es difícil imaginar que esto pudiera pasar en EU, pero es exactamente lo que hizo una comunidad en el sur de México. Durante nuestra delegación sobre “El TLCAN, Campesinos y Justicia Alimentaria” en enero de 2014, visitamos a la pequeña comunidad de Capulálpam de Méndez, en el estado de Oaxaca. Allí, Teodoro, un campesino del pueblo nos mostró su campo y las variedades de maíz nativo que tenía creciendo en una ladera empinada. Él nos dijo que hace unos años el gobierno comenzó a fomentar el uso de semillas transgénicas a los campesinos. Aunque muchos de los campesinos de su región seguían sembrando sus semillas tradicionales,  el maíz transgénico fue descubierto en un proceso de crecimiento en campos locales, es posible que el viento contaminó con el polen su maíz nativo.  
Viendo esto como una amenaza a su maíz nativo, unas comunidades de la región se unieron y decidieron prohibir las semillas transgénicas de su región. Siguen sembrando las variedades ancestrales de maíz que han sembrado durante siglos. Teodoro nos dijo que el maíz transgénico es más grande que las mazorcas nativas, que tienen la característica de ser pequeñas, no obstante la gente de esta región montañosa prefiere saber de donde viene su comida y cómo se cultivaba. Prefieren hacerse cargo de lo que comen.
Señor Teodoro habla con el grupo sobre las variedades de maíz nativo y de la resistencia de la comunidades locales contra el maíz transgénico.

Otro grupo que visitamos, CAMPO (El Centro de Apoyo al Movimiento Popular Oaxaqueño) , ayuda a combatir la pobreza brindando apoyo a la gente para que puedan establecer pequeños huertos de invernadero para cultivar hortalizas, frutas y cereales para dar de comer a sus familias. Miles de oaxaqueños han tenido que abandonar la agricultura y han caído en la pobreza, en gran parte a causa de las políticas comerciales del TLCAN, que fomentan la importación del maíz barato de EU. Programas como los de CAMPO les alientan a reclamar su soberanía alimentaría para proveer algo tan basico, el alimento, para ellos mismos y para sus familias.
Pensando en mi comunidad en Baltimore, ¿tenemos control sobre de donde viene nuestra comida? La gente que quiere hacerlo y que cuenta con los recursos disponibles puede comprar comida en mercados y restaurantes orgánicos, o cultivar sus propias hortalizas en huertos comunitarios. Empero, la mayoría de los alimentos que están disponibles, sobre todo en comunidades de bajos recursos, es poco saludable y se produce en granjas industriales que contaminan la tierra y el agua. Las mismas políticas alimentarias que empujan el maíz artificialmente barato en el mercado mexicano también empujan comida dañina como McDonald’s y refrescos en comunidades como Baltimore, impulsando la obesidad y la diabetes. Irónicamente, muchos de los mismos campesinos mexicanos que han sido obligados a dejar sus hogares debido a la pobreza son los que hacen el trabajo difícil y mal pagado de cosechar y tratar la comida en EU.
La delegación me demostró que a pesar de tener situaciones muy diferentes, la gente en EU y en México enfrenta muchos de los mismos problemas, con raíces en las mismas políticas que promueven la agricultura a gran escala y las ganancias corporativas en lugar de la salud y el bienestar de la gente. Sin embargo, vimos también ejemplos de comunidades resistiendo y tomando control de su subsistencia y de su soberanía alimentaria. Vimos la esperanza, el poder de la gente y la importancia de la solidaridad más allá de las fronteras.

Seeds of Sovereignty

By: Nina Schwartzman, delegate to Oaxaca, Mexico
What would it take for a US city or region to ban genetically-modified (GM) seeds from their community? To say that they prefer their traditional seeds to the commercial ones offered them? To grow the food that they want and save the seeds, rather than being dependent on chemical fertilizers, pesticides and seeds from a big agribusiness?
It’s hard to imagine this happening in the US, but that’s exactly what one community in Southern Mexico did. On our “NAFTA, Farmers and Food Justice” delegation in January 2014 we visited the small town of Capulálpam de Méndez, in the state of Oaxaca. There, Teodoro, a local farmer, showed us his cornfield and the varieties of native corn growing on the steep hillside. He told us how a few years ago the government began encouraging farmers to use GM corn seeds. While the farmers in his region continued using their traditional seeds, some of the GM corn was found growing in some local farmers’ fields, likely due to the pollen being transported by the wind.
Seeing the threat this posed to their native corn, several communities in the region banded together and decided to ban GM seeds from their region. They continue to grow the ancestral varieties of corn that they have been growing for centuries. Teodoro told us that the GMO corn is bigger than the stumpy ears of corn in his field, but that the people in this mountain region prefer to know where their food comes from and how it was grown. They would rather have control over what they eat.

Señor Teodoro tells the group about native corn varieties  and communities' resistance to GMO corn.

Another group we visited, CAMPO, helps fight poverty in rural Oaxaca by helping people set up small greenhouse gardens to grow vegetables, fruits and grains to feed their families. Thousands of people in Oaxaca have had to abandon farming and fallen into poverty, largely as a result of trade policy (i.e. NAFTA) that encourages imports of cheap corn from the US. Programs such as CAMPO’s encourage them to take their sovereignty back into their own hands by providing that most basic staple, food, for themselves and their families.
Thinking about my community in Baltimore, do we have control over where their food comes from? People with the interest and the means can buy food at farmers’ markets and organic restaurants, or grow their own vegetables in community gardens. But the majority of the food available, especially in low-income neighborhoods, is unhealthy and was produced in factory farms that pollute the land and water. The same farm policies that push artificially cheap corn onto the Mexican market are also pushing unhealthy food like McDonald’s and soda into communities like Baltimore, fueling obesity and diabetes. Ironically, many of the same Mexican farmers who have been forced to leave their homes because of poverty are those who do the difficult and low-paying work of harvesting and processing food in the US.
This delegation showed me that despite very different situations, people in the US and Mexico face many of the same problems, with roots in the same policies that promote large-scale agriculture and corporate profits rather than people’s health and well-being. However, we also saw examples of communities resisting and taking control over their livelihoods and their food sovereignty. We saw hope, the power of people and the importance of solidarity across borders.

Monday, April 21, 2014

Una Mirada a San Francisco Tetlanohcán, Tlaxcala, México


por James Hutter
Una Mirada a San Francisco Tetlanohcán, Tlaxcala, MX

Es dificil imaginar un pueblo sin hombres. Es notable la gente que camina en las calles, pero hacia cualquier punto donde se dirija nuestra mirada, solo podemos ver mujeres, niños y ancianos. No cabe en mi imaginario pensar una comunidad sin hombres con una rutina cotidiana de trabajo o simplemente caminando. Una mirada más de cerca revela que muchos de los edificios y las viviendas contrastan el uno con el otro, pues es notable la elegancia de algunas viviendas de migrantes en comparación con otras que reflejan la pobreza. Sólo después de hablar con los habitantes de San Francisco Tetlanohcán pudimos entender el contexto de este pueblo sin hombres, un efecto que ha provocado el flujo migratorio, principalmente a los Estados Unidos.

En las diferentes experiencias que me tocó vivir en este viaje, pude entender que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) es un tema central que ha provocado la caida de la agricultura tradicional en el campo mexicano, causa principal que ha dejado a pueblos enteros sin hombres jovenes. La migración se dio en un primer momento a las ciudades mas cercanas como la ciudad de Puebla y el Distrito Federal. Las causas de la migración en el mundo entero responden a politicas económicas que tienen que ver con los costos de la fuerza laboral y la migración de trabajadores implica un pago por debajo de lo establecido en los paises desarrollados. El fenomeno de la migración se agudizó en 1994 cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio, lo cual provocó una devaluación de la moneda mexicana y despojó a cientos de comunidades de sus tierras provocando una migración masiva principalmente hacia los Estados Unidos.

Actualmente, Tetlanohcán es un pueblo de aproximadamente 10.000 habitantes. El maíz es un elemento principal en la dieta de este pueblo, como en la mayoría de los mexicanos, no obstante, son muy pocos los que hoy en día producen, y en su mayoría es para autoconsumo. La desregulación de los precios de Estados Unidos y Canadá provocaron que en México se abandonara el campo. Algo que llamó la atención de los ancianos en estas comunidades es la fragmentación de sus pueblos y por ende su desaparición.

El contraste de la gente que migró hacia Estados Unidos y la gente que permaneció en esta comunidad, ha marcado una gran diferencia en el sentido de las condiciones de vida que comparten cada uno. Las familias que reciben remesas de los Estados Unidos han mejorado en algún sentido sus vidas en comparación de otros miembros de la comunidad. No obstante, los migrantes tienen que pagar el costo. El fenómeno de las remesas ha creado dos clases de personas en la ciudad (las que reciben dinero y las que no lo reciben). Esto ha provocado  una cierta fricción entre los pobladores, lo cual ha debilitado su tejido social.

Los miembros de esta comunidad ya no quieren que sus familiares sigan migrando hacia Estados Unidos, los efectos han sido la fragmentación de las familias. Una vez separados estos familiares, es casi imposible que puedan visitarlos por las severas restricciones que exige este país para obtener una visa.

La situación que se vive en Tetlanohcán es una de tantas realidades que se comparten en la cotidianidad mexicana.  Mi experiencia durante este viaje fue muy conmovedora al grado de haberme sensibilizado. Las historias que escuchamos fueron a menudo desgarradoras, y casi nunca hubo finales felices.Tambien me quedó claro que los pueblos entienden la problemática que están viviendo por los efectos de la migración y por tanto se muestran más preocupados para buscar otras opciones que permitan una major calidad de vida.