Thursday, October 24, 2013

Reporting on the Pre-Electoral Environment in Honduras 
By The Nicaragua/Honduras International Team

Witness for Peace Nicaragua/Honduras team members have just returned from a trip to Honduras where they found the streets exploding with campaign paraphernalia like those pictured here. The 90-day period of official campaigning for the November 24th general elections is in full swing and the streets are covered with posters, billboards, graffiti and people dressed in party colors handing out stickers. In most casual conversations the IT heard speculations and theories about what will happen; if the country will be different on November 25th.

Click below to see slideshow...
Reportando Sobre El Ambiente Pre-Electoral en Honduras

De Equipo Honduras/Nicaragua 

El Equipo Internacional de  Nicaragua/Honduras  acaba de regresar de un viaje a Honduras, donde encontraron las calles llena de propaganda como las que se muestran aquí. El período de 90 días de la campaña oficial para las elecciones generales del 24 de noviembre está en plena marcha y las calles están cubiertas de pósters, carteles, graffiti y personas vestidas con los colores del partido repartiendo pegatinas. En la mayoría de las conversaciones informales del Equpio Internacional se escuchó especulaciones y teorías acerca de lo que va a pasar y si el país será diferente el 25 de noviembre.

Haz clic abajo para ver la presentación:

Wednesday, October 23, 2013

Séptimo Festival de la Milpa: Comunidades Indígenas en Resistencia

Por Lariza Garzón (equipo de México)


Tres meses antes del aniversario número 20 del TLCAN me encontraba en un viejo bus escolar viajando por la Sierra Juárez en Oaxaca, México. El paisaje era increíblemente hermoso. Mientras el bus se desplazaba por las curvas de la carretera podía ver la vegetación densa y verde de las montañas, que parecían interminables.

La flora y la fauna de la Sierra Juárez se han preservado de esta manera porque tienen unos aliados muy poderosos: las personas indígenas que han peleado durante siglos para proteger su territorio, su cultura, su manera de vivir, y a la madre naturaleza. Una nube de mariposas, indicadora de la vasta biodiversidad de la región, me recibió cuando llegué a Santa Gertrudis.

Viajé a Santa Gertrudis para participar en la Séptima Feria de la Milpa, un evento organizado por la Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez (UNOSJO). Durante el evento, participantes de Guatemala, Honduras, Brasil, y México discutieron maneras de proteger el territorio y las semillas nativas.

Me llené de inspiración cuando los organizadores comunitarios y los campesinos hablaron acerca de sus experiencias de resistencia, y cuando compartieron su análisis y sus conocimientos con los demás. Los miembros de estas comunidades perseveran a pesar de los esfuerzos del gobierno mexicano y de las compañías transnacionales para transformar el campo mexicano en algo que puedan explotar y de lo que se puedan lucrar más fácilmente.


La transformación del campo mexicano


La mayoría de las personas que trabajan el campo en México son parte de grupos indígenas marginalizados. Históricamente han cultivado comida para sus familias en pequeñas parcelas y usando tecnologías sustentables que se transmiten de generación a generación.


 

Desde que se aprobó el TLCAN, los programas de agricultura del gobierno han apoyado a corporaciones y transnacionales en lugar de apoyar a los campesinos, quienes al no poder competir se ven en una situación de más pobreza y migración forzada a los Estados Unidos.

El gobierno mexicano está trabajando con varias compañías estadounidenses (Monsanto, Dow, Pioneer, DuPont, etc.) para transformar la agricultura mexicana en un sistema de exportación y monocultivos que sea dependiente de agroquímicos y semillas transgénicas o híbridas.

El ideal neoliberal es que las personas produzcan comida para vender (no para autoconsumo) y que compren productos del mercado global (producidos por las transnacionales). Esto se logra al crear las condiciones para que sea más caro cultivar comida que comprarla, o al imponer programas gubernamentales con los cuales los campesinos se vuelven dependientes de los insumos producidos por las transnacionales. Estas situaciones terminan con  las prácticas tradicionales que han permitido que las comunidades indígenas sean autosuficientes y sustentables por siglos.

Los campesinos indígenas que quieren defender sus semillas y su sistema tradicional de cultivo tienen que pelear contra esta clase de programas de gobierno y contra
campañas mediáticas a nivel nacional. La lucha más emblemática a este sistema en México, ha sido la lucha para defender el maíz nativo.

En defensa del maíz


El maíz fue domesticado en México hace miles de años y un gran porcentaje de la diversidad del maíz del mundo se encuentra en este país (solamente en el estado de Oaxaca hay 35 razas).

En 1998 el gobierno mexicano declaró un moratorio del cultivo de maíz transgénico, pero esta clase de maíz ya se distribuía a familias de bajos recursos por medio de un programa gubernamental de seguridad alimenticia que distribuía maíz estadounidense transgénico y barato.

En el 2001, Ignacio Chapela, un científico de la Universidad de Berkley, encontró maíz transgénico en la Sierra Juárez de Oaxaca. Probablemente la contaminación se dió cuando un campesino cultivó el maíz que obtuvo por medio del programa del gobierno sin saber que era transgénico.

En el 2005, la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados le abrió las puertas de México a los transgénicos. La ley, hecha para regular la cultivación de transgénicos, es tan beneficiosa para las multinacionales, que se le empezó a llamar la Ley Monsanto por todo el país.

En el 2008, por la primera vez en la historia de México, el gobierno autorizó el cultivo de maíz transgénico en varios estados del norte del país. El actual presidente de México Enrique Peña Nieto, autorizó el cultivo 250,000 hectáreas adicionales.

En todo este tiempo, los campesinos y grupos de la sociedad civil han estado peleando contra estas iniciativas. Sin su resistencia, los transgénicos probablemente serían la regla en las zonas rurales de México. Algunas de las preocupaciones relacionadas con los transgénicos son: los efectos de salud que puedan causar en los humanos, la contaminación de cultivos no transgénicos, la contaminación de las áreas de origen del maíz, la pérdida de diversidad genética que podría suceder si el maíz transgénico se vuelve el estándar, la dependencia de las comunidades rurales a las caras semillas transgénicas y agroquímicos, la perdida de sistemas tradicionales de producción, y los efectos de los transgénicos y agroquímicos en el medio ambiente.

La resistencia a los transgénicos ocurre diariamente, cuando campesinos o comunidades enteras se rehúsan a usar semillas que no sean nativas o cuando no usan agroquímicos. A veces esto significa que se tienen que abstener de participar en los programas del gobierno.

PROCAMPO, por ejemplo, es un programa de ayuda del gobierno creado para apoyar a campesinos que cultivan maíz. El programa distribuye vales que se pueden cambiar por semillas y otros productos agrícolas. Muchos campesinos de bajos recursos dependen de esta clase de programas para poder sembrar. Desafortunadamente los vales sólo se pueden usar para comprar semillas de maíz híbrido y paquetes tecnológicos que incluyen agroquímicos (la mayoría de los cuales son hechos en Estados Unidos).

Otro ejemplo es la Cruzada Contra el Hambre, uno de los programas principales de la administración de Peña Nieto. El programa es famoso por asociarse con corporaciones transnacionales y por distribuir comidas procesadas y poco saludables en las comunidades de bajos recursos (en lugar de promover comidas saludables). La iniciativa incluye el Programa de Agricultura de Autoconsumo en Oaxaca. Este programa tiene como objetivo dar ayuda a campesinos de Oaxaca que cultivan productos para autoconsumo. El modelo del programa es el mismo que el de PROCAMPO: los campesinos reciben “ayuda” por medio de semillas híbridas y agroquímicos.

Para aquellos que participan en los programas del gobierno no existe la opción de recibir semillas nativas o de recibir ayuda para cultivar maíz de una manera tradicional. Los programas hacen que sea más caro producir maíz nativo, y se aseguran de que los campesinos se vuelvan consumidores dependientes de semillas y tecnologías extranjeras.

Lea la declaración del Espacio Estatal en Defensa del Maíz Nativo de Oaxaca acerca delPrograma de Agricultura de Autoconsumo en Oaxaca.

A pesar de la falta de apoyo del gobierno y de la presión para que participen en estos programas, los campesinos e indígenas siguen resistiendo.

En Julio, campesinos, organizaciones y activistas presentaron una demanda legal colectiva en contra de las autoridades federales y las compañías que han sido participes en la legalización y el cultivo de transgénicos en México. El 10 de Octubre un juez federal falló a su favor, suspendiendo todos cultivos y planes para cultivar transgénicos en México hasta que se resuelvan una serie de demandas relacionadas con el tema. Esto ha ofrecido esperanzas de que algún día los cultivos transgénicos serán permanentemente prohibidos en el suelo mexicano. ¡La lucha sigue!

En la Feria de la Milpa escuché a muchas personas hablar acerca de las posibles soluciones para los problemas del campo: que el gobierno apoye el uso de las semillas nativas y las técnicas de cultivo ancestrales, que se valore y se apoye el conocimiento indígena, y que se mejoren las técnicas de producción de una manera respetuosa con el medio ambiente y la manera de vida indígena.

Al recordar las caras y las voces de los campesinos que conocí en Santa Gertrudis, pienso en todas las personas en los Estados Unidos que están peleando batallas muy parecidas en contra de los transgénicos, los monocultivos, y los agroquímicos. En Estados Unidos la gente tiene la responsabilidad adicional de hacer que su gobierno y las compañías estadounidenses se hagan responsables por su papel en la implementación de tantas políticas neoliberales que afectan a los países del sur. Mientras trabajamos juntos, de manera transnacional, me siento segura de que podremos ganar esta pelea.



 

¡Involúcrate!

Más información:


Organizaciones Campesinas Rechazamos el “Programa de Agricultura de Autoconsumo en Oaxaca”

El Programa atenta contra la agricultura campesina, las razas y variedades nativas de maíz, además de dañar el ambiente y la salud.

Hacemos un llamado al Lic. Enrique Pena Nieto, Presidente de la República, al Lic. Enrique Martínez y Martínez, Secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, al Lic. Teodulo Manuel García Corpus, Delegado Estatal de Sagarpa, Oaxaca y les expresamos lo siguiente:

Como parte de la Cruzada contra el Hambre el gobierno impulsa a nivel nacional el programa de “Agricultura de autoconsumo en apoyo a pequeños productores de maíz de hasta tres hectáreas”, en 1,122 comunidades, ubicas en 50 municipios del estado de Oaxaca.

El apoyo a la agricultura de autoconsumo es muy importante para garantizar la seguridad alimentaria de las familias y fortalecer la soberanía alimentaria del país. De acuerdo a datos de la Sagarpa al menos 8 millones de toneladas de maíz (cerca del 30 por ciento de la producción nacional) no entran a los mercados ya que se destinan al consumo humano y animal en las comunidades en las que se producen.

El programa de agricultura de autoconsumo en Oaxaca plantea otorgar el equivalente a $2,200 pesos por hectárea, con un límite máximo de 3 hectáreas por productor que se entregarán en insumos: semillas híbridas o criollas mejoradas, fertilizantes químicos o biofertilizantes, plaguicidas, herbicidas y silos metálicos, que deben comprarse a los proveedores de agroquímicos certificados.

Por lo anterior consideramos que:
  1. Este tipo de subsidios debilitan la agricultura de autoconsumo al aumentar la dependencia de los campesinos a los insumos externos, que en este momento se otorgan de manera gratuita, pero después deberán ser pagados. El programa beneficia más a las empresas productoras de agroquímicos, semillas e implementos agrícolas, que a los campesinos a quienes se destinan.

  2. En muchas de las comunidades y municipios elegibles por el Programa los campesinos mantienen y conservan las semillas de razas nativas antiguas y variedades de maíz endémicas, adaptadas a las particulares condiciones ecológicas de cada región. El Programa provocará la pérdida de la diversidad de razas y variedades de maíz nativas que existen en el estado. Las semillas campesinas serán desplazadas por semillas homogéneas, híbridas o criollas mejoradas, que en muchos casos no podrán adaptarse a los nichos ecológicos, ni resultarán en mejores rendimientos. Además estudios científicos han documentado casos de contaminación transgénica de lotes de semillas comerciales, certificadas o declaradas que venden las compañías como híbridas convencionales o centros de mejoramiento.

  3. El trabajo de mejoramiento de las semillas nativas que realizan los campesinos no es reconocido ni apoyado por el Programa. Los conocimientos campesinos sobre las semillas corren el riesgo de perderse al aceptar dejar de sembrar las semillas propias y optar por las variedades comerciales. Además la cocina oaxaqueña considerada patrimonio de la humanidad, depende de la existencia de la diversidad de variedades nativas.

  4. En muchas de las comunidades los campesinos utilizan técnicas tradicionales y también agroecológicas que les permiten obtener una producción de alimentos sanos, nutritivos y de buena calidad. El Programa fomenta una agricultura que tiene como base el uso de paquetes tecnológicos, con alto contenido de fertilizantes y plaguicidas químicos, que disminuirá la calidad nutricional del maíz que es nuestro principal alimento.
Rechazamos el programa de Agricultura de autoconsumo. Apoyo a pequeños productores de maíz de hasta 3 hectáreas, debido a que amenaza la diversidad de razas y variedades nativas de maíz, pone en riesgo la alimentación y la salud de las comunidades, poluciona el ambiente, aumenta los factores que provocan la crisis climática, atenta contra la cultura y destruye la economía campesina. 

Solicitamos al gobierno abrir una alternativa a este programa en el estado de Oaxaca que promueva el mejoramiento campesino y la siembra de las razas y variedades nativas de maíz, fomente las técnicas de agricultura tradicional y agroecológica con base en insumos producidos localmente y garantice la alimentación, la salud y la nutrición de la población de las comunidades, con respeto a nuestra cultura y al ambiente. 

“2013, Año de la resistencia y la Defensa del Maíz Nativo de Oaxaca y todo el Territorio Nacional” 
Mayo 2013

7th Milpa Festival: Indigenous Communities Resist

by Lariza Garzon (Mexico Team)
Three months before the 20th anniversary of NAFTA, I found myself in an old school bus traveling through the Sierra Juarez in Oaxaca, Mexico. The landscape was unbelievably beautiful. Riding on the curvy roads I saw dense green vegetation and endless chains of mountains.

The Sierra Juarez´ flora and fauna have been preserved because they have powerful allies: indigenous people who have fought for centuries to protect their land, their culture, their way of life, and mother earth. A cloud of butterflies, indicators of the vast biodiversity of the land, greeted me upon my arrival to Santa Gertrudis.

I traveled to Santa Gertrudis to attend the 7th Milpa Festival, an event organized by the Union of Organizations of the Sierra Juarez of Oaxaca (UNOSJO). During the event, participants from Guatemala, Honduras, Brazil, and Mexico discussed ways to protect their territory and their native seeds.

It was inspiring to watch community organizers and small-scale farmers talk about their experiences of resistance and share their analysis and skills. Despite the efforts of the Mexican government and transnational companies to completely transform rural Mexico into something that they can better exploit and profit from, these communities persevere.

The transformation of rural Mexico

The majority of Mexico’s farmers belong to marginalized indigenous groups. They grow food for their families on small plots of land using ancestral knowledge and sustainable technologies. For many, agriculture is still a sacred and communal activity.


Since NAFTA, government agricultural programs have supported multinational corporations and large agribusinesses instead of small-scale farmers, whose inability to compete have resulted in increased poverty, and mass migration to the United States.

The Mexican government is working together with U.S. companies (Monsanto, Dow, Pioneer, DuPont, etc.) to transform Mexico’s agriculture into an export-oriented mono-crop system that is dependent on agrochemicals and GMO/hybrid seeds.

The neoliberal ideal is for people to produce food for sale (not for personal use) and that they buy products sold in the global market (made by transnational corporations). This is achieved by creating conditions that make it more expensive to grow food than to buy it, or by imposing government programs that make small-scale farmers dependent on products made by transnational corporations. These strategies end the traditional practices that have allowed indigenous communities to remain self-sufficient and sustainable for centuries.

Indigenous small-scale farmers who want to defend their native seeds and traditional food systems find themselves fighting against these types of government programs as well as a barrage of misinformation from national media campaigns.The most iconic struggle in Mexico thus far, has been the fight to defend native corn.

In defense of corn

Corn was domesticated in Mexico thousands of years ago and the country holds a huge percentage of the world’s diversity; in the state of Oaxaca alone there are 35 species of corn. In 1998 the Mexican government declared a moratorium on the cultivation of GMO corn. But this type of corn was already being distributed by a federal food safety program that made cheap GMO corn from the United States available to low-income families.

In 2001 Ignacio Chapela, a scientist from Berkeley University, found GMO corn in the Sierra Juarez in Oaxaca.The corn was probably planted unwittingly by a farmer that obtained food through the government’s food safety program.

In 2005, the Bio-Security Law of Genetically Modified Organisms opened the doors to GMOs in Mexico. The law, designed to regulate the cultivation of GMO crops in Mexico, is so beneficial to GMO corporations that it became widely known as the Monsanto Law.

In 2009, for the first time in Mexican history, the government granted permissions to cultivate GMO corn in several northern states. Mexico’s current president, Enrique Peña Nieto, recently approved the cultivation of an additional 250,000 hectares.

Small-scale farmers and civil society have been fighting these initiatives all along. Some of their concerns are: the potential health effects of GMOs in humans, the contamination of non-GMO crops, the contamination of the areas of origin of corn, the loss of genetic diversity that could result if cheap GMO corn becomes the standard, the dependency of rural communities on expensive GMO seeds and agrochemicals, the loss of traditional systems of production, and the effects of GMOs and agrochemicals on the environment.Without this resistance, GMOs would probably be the norm in rural Mexico.

Resistance takes place daily when farmers or whole communities refuse to use non-native seeds or agrochemicals. Sometimes this means that they must abstain from participating in government programs.

PROCAMPO, for example, is a government aid program created to support small-scale corn farmers by distributing vouchers for seeds and other agricultural products. Many low-income farmers depend on these types of programs for production. Unfortunately the vouchers can only be used on U.S. hybrid corn and technology packages that include agrochemicals (most of which are produced in the United States).

"Are you hungry? Drink Pepsi.
Another example is the Crusade Against Hunger, one of the main programs of the Peña Nieto administration. The program is known for partnering with multinational corporations to distribute unhealthy processed foods in low-income communities throughout the country to “combat hunger”, instead of promoting healthy foods. Part of the initiative is “Oaxaca’s Program for Self-Sustaining Agriculture”, which aims to provide assistance to small-scale farmers in Oaxaca who produce only enough crops to feed themselves and their families. The model is the same as PROCAMPO’s: farmers receive aid in the form of hybrid seeds and agrochemicals.

For those dependent on government programs there is no option to use native corn or to produce crops in a traditional way. The programs make it more expensive to produce native organic corn, and ensure that farmers will become consumers,dependent on foreign seeds and foreign technology.

Click here to read a statement from Oaxaca’s Coalition in Defense of Native Corn about “Oaxaca’s Program for Self-Sustaining Agriculture”.

Despite the lack of governmental support and the pressure to participate in these programs, indigenous small-scale farmers continue to resist.

In July, farmers, organizations, and activists filed a class action suit against federal authorities and companies who are complicit in the legalization and planting of GMOs in Mexico. On October 10th a federal judge ruled in their favor, suspending all current and future efforts to plant GMOs in Mexico until the resolution of several pending lawsuits. This has offered a glimmer of hope that eventually GMOs will be permanently banned from Mexican soil. The struggle must continue.

At the Milpa Festival I heard many people speak about a possible solutions to these issues: government support of the use of native seeds and ancestral cultivation techniques, valuing and supporting indigenous people’s knowledge, improvement of food production in a way that respects the environment and indigenous peoples’ way of life.

As I remember the faces and the voices of the farmers I met in Santa Gertrudis, I think of all the people in the United States who are fighting a similar battle against GMOs, mono-cultivation, and agrochemicals. But people in the United States have the additional responsibility of holding their government and U.S. corporations accountable for their role in the implementation of so many of the neoliberal policies that are affecting the rural global south. As we work together, trans-nationally, I feel confident that we will win this fight.



Get Involved!
More information:

Groups of Small-Scale Farmers Reject “Oaxaca’s Program for Self-Sustaining Agriculture”

The program endangers small-scale agriculture and the biodiversity of corn. It also harms the environment and people’s health.

We call on Enrique Peña Nieto, President of Mexico; Enrique Martínez y Martínez, Secretary of the Department of Agriculture, Cattle Ranching, Fisheries, and Nourishment (SAGARPA); and Teodulo Manuel García Corpus, Oaxaca State Delegate of SAGARPA; and we convey to them the following:

As part of the Crusade Against Hunger, the government drives a national program of “Self-Sustaining Agriculture in support to small producers of corn of up to three hectares”, in 1,122 communities, located in 50 municipalities in the State of Oaxaca.

Supporting self-sustaining agriculture is very important to guarantee the food security of families and to strengthen the country’s food sovereignty. According to data from SAGARPA, at least 8 million tons of corn (around 30% of the national production) does not enter the market because they are destined for human and animal consumption in the communities where they are produced.

The self-sustaining agriculture program in Oaxaca plans to give the equivalent of $2,200 pesos per hectare, with a limit of 3 hectares per producer. This money will not be given directly, but in the form of supplies: hybrid or improved native seeds, chemical fertilizers or bio-fertilizers, pesticides, herbicides, and metallic containers that must be bought from certified agrochemical providers.

Because of this we consider that:

  1.  These types of subsidies weaken self-sustaining agriculture because they increase the dependency of small-scale farmers on external supplies, which are currently given to them for free, but that they will have to pay for in the future. The program benefits the companies that make agrochemicals, seeds, and agricultural supplies, more than it benefits the small-scale farmers that are the beneficiaries of this program.
     
  2. In many of the communities and municipalities eligible for this program, the small-scale farmers maintain and conserve ancient native seeds and endemic varieties of corn, adapted to the particular environmental conditions of each region. This program will cause the loss of the biodiversity and variety of native corn that currently exist in the state. Native seeds will be displaced by homogeneous seeds, hybrids, or improved native seeds, which in many cases will not be able to adapt to the environmental niches, and will not result in higher yields. Additionally, scientific studies have documented cases of transgenic contamination in lots of commercial seeds that are sold by companies as “certified” or declared “conventional” hybrid or improved seeds.
     
  3. The work of small-scale farmers who improve native seeds is not recognized or supported by the program. We risk losing the small-scale farmers’ knowledge on native seeds if they stop planting their own seeds and choose to use the commercial varieties. Additionally, Oaxacan cuisine, considered human heritage, depends on the existence and the diversity of native varieties.
     
  4. In many communities, small-scale farmers use traditional and environmentally sound techniques that allow them to produce healthy, nutritious, and good quality foods. The program promotes an agricultural model that at its base uses technological packages with high amounts of fertilizers and chemical pesticides, that will decrease the nutritional quality of corn, which is our main food source. 
We reject the Self-Sustaining Agriculture Program because it threatens the genetic diversity and variety of corn, puts at risk the nourishment and health of the communities, pollutes the environment, increases the factors that cause climate change, jeopardizes our culture, and destroys the small-scale farming economy.

We ask that the government create an alternative to this program in the state of Oaxaca, one that improves the lives of small-scale farmers and that promotes the cultivation of a variety of native corn, traditional and environmentally sound agricultural techniques, the use of locally produced supplies, and that guarantees the nourishment, health, and nutrition of the population of the communities, with respect to our culture and the environment.

“2013: year of resistance and defense of Oaxaca’s native corn and all national territories”
May 2013

Wednesday, October 16, 2013

Entrevistas a organizaciones Mexicanas acerca de la migración y el TLCAN

Christiaan James Perez, delegado de la última delegación de la Fundación Hagedorn a México, hizo estos reportajes de radio para su programa CyTUnidos..

Escuchen las entrevistas y compártanlas!


  • Migración desde México: Escúchenlo aquí!

    Freno al flujo migratorio y mayor crecimiento económico. Estas fueron parte de las promesas de las autoridades de gobierno tras la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre México, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, organizaciones sociales denuncian que la real situación económica de México es “desastrosa”, al igual que las condiciones laborales de los inmigrantes. Para analizar este tema, viajamos hasta México y conversamos con Marco Antonio Navarrete de Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio (RMALC). Luego, entrevistamos a Norma Mendieta del Centro de Atención a la Familia Migrante e Indígena (CAFAMI), también en México, quien nos cuenta acerca de esta organización y de cómo cumplen su objetivo, el cual consiste en disminuir el impacto negativo que pueda tener la migración dentro del entorno familiar.
     
  • Entrevista con María Ponce de Los Otros DREAMERs: Escúchenlo aquí!

    En este debate sobre la reforma migratoria podemos escuchar las voces de nuestros políticos, gente en la comunidad y algunas veces de los inmigrantes. Desafortunadamente no podemos escuchar las voces de migrantes a quienes perdimos por falta de una buena reforma migratoria. Para aprender un poco sobre algunos de los migrantes que salieron de Estados Unidos hablaremos con María Ponce, una miembro de “Los Otros Dreamers”. Ellos ayudan a que los migrantes que regresan a México puedan acostumbrarse a su nueva vida en México.

Tuesday, October 8, 2013

Learning to Love Our Neighbors: A Sermon of Solidarity with Mexico


By Valerie Miller-Coleman
Luke 9:51-62
A couple weeks ago, seven of us arrived in southern Mexico, in the state of Oaxaca, to spend some time learning to love our neighbors there.  I think of immersion experiences like this as a kind of boot camp for discipleship.  We experienced the costs and joys of loving our neighbors in rapid and dense succession. The first day was all travel.  The second day was a cram packed seminar on the Mexican economy, political history, cultural particularities, and the philosophy of relationship we’d be engaging over the next several days.  The core of that philosophy was this: we are engaged in complex relationships determined by power and privilege and other social forces beyond our control even before we meet our Mexican neighbors.  In order to engage in meaningful relationship with them, we need to pay attention to how these social forces shape our assumptions and our choices.  That’s a big philosophy.  And an ambitious one.  We broke it down that day by talking about privilege and power.   
What the marvelous leaders from Witness for Peace taught us to do in Mexico was to see our privilege and our power as active parts of our relationships with our Mexican neighbors.  They taught us to see how power and privilege actively influence how we choose to relate to our neighbors.  Our privilege insulates us sufficiently that we can choose to ignore them if we like.  But they can never choose to ignore us.  Our economic and political power influence their lives every day.  We spent the next several days listening carefully to hear how they see the world and how our government and corporations affect their lives. 
I sat up around a family dinner table in a small village talking with Petrona and Juan and their fifteen year old son David one night.  Petrona’s brother migrated to the US several years ago.  The cheap American corn for sale in their market meant he couldn’t earn enough to cover the costs of raising a crop anymore.  So he left to find work.  They haven’t heard from him in years.  Petrona worries about him a lot and would like to come here to look for him but it costs too much and the paperwork is intimidating.  She wonders if he’s still alive.  
Petrona took me to a birthday party for her niece Yolanda.  There was copious barbacoa and mountains of family and lots of sheet cake and kids and Yolanda was radiant in her floral apron.  She was turning thirty three.  We talked for a while that night and she told me her story.  Yolanda moved to Anaheim, California with her parents when she was a teenager.  She’d lived there until four months ago.  Her husband, five year old daughter and seven year old son are back in California.  She overstayed her visa and came back to the village to work on a legally re-immigrating but the process is slow and she’s not sure when she’ll be able to see her family again.  The children call every night crying.  Her sister says they’re falling behind in school, even though they’re both on the gifted and talented track.  
Petrona tells me Yolanda is her favorite niece and she’s glad she’s home but she worries about the children too.  She’d like it if they could come live closer but the reality is there’s no work for their parents.  Petrona and Juan get by on his income from day labor, selling their handmade rugs and growing their own food.  They’ve managed to buy David a laptop computer and he’s doing very well in school, but they wonder how long he’ll stay once he graduates. 
These are the stories we heard, a few among many, and we heard them because we chose to listen carefully.  To set aside the power to purchase a posh hotel room for a night and stay over with Petrona and Juan and David instead.  And I’ll tell you what, it was uncomfortable.  Yolanda cried when she told me how she felt thinking about me going home to see Lucy when she has no idea when she’ll see her own little girl again.  She asked me to help her and not to forget her.  I wanted to pretend she wasn’t like me.  I wanted to put some context between us.  I wanted to discount the claim she has on me because I don’t control the immigration laws and I’m not responsible for how long her children stay up at night crying but you know what?  I am.  I vote in this country and I am responsible for our immigration laws.  I am responsible for those children’s tears.  I am responsible for Petrona’s brother.  I am responsible for David’s career prospects.  I am responsible for these people because they are my brothers and sisters as children of God and because my life directly impacts theirs.  Even if I choose to ignore them, they cannot choose to ignore me.  
We say at Plymouth Church that we are dedicated to growing in love of God and neighbor.  And that is our aspiration.  But as in any relationship, growing means change.  It means letting go of some things and opening up to others.  Jesus invites us into the covenant of discipleship.  Like the covenant of marriage, the covenant of discipleship must be chosen freely and with regularity.  And discipleship, like marriage, costs us something even as it molds us into more than ourselves.  Jesus never hedges on that point.  If it seems unclear, it’s because we choose not to see it clearly.  Just a minute ago he said, ‘those who want to save their life will lose it, and those who lose their life for my sake will save it.’ He says, you won’t have a comfortable bed.  He says, you’ll have to give up some important social obligations.  He says, you’ll have a hard time maintaining some of your relationships.  He says, this decision is important.  It will change your life.  And I believe he’s talking to us.  
If we choose discipleship, if we choose to grow in love, it will cost us our certainty, our comfortable half truths, some of our relationships, our insulation and our illusions.  The love of neighbor boot camp we just undertook in Mexico cost us all of those things.  We didn’t build a single latrine.  We didn’t bask in the gratitude of poor people receiving our precious gifts.  We sat down to dinner together and we listened.  We celebrated the hard work, wisdom and courage of women left to support their communities while their sons and brothers and husbands seek work thousands of miles away.  And our souls grew.  Life became more abundant as we shared it.  We know ourselves better now.  And we love our neighbors a little better because their stories have become part of ours.  

Thanks be to God.  Amen.  

Aprendiendo a Amar a Nuestro Prójimo: Un sermón de solidaridad con México


por Valerie Miller-Coleman

Lucas 9:51-62

Hace un par de semanas, siete de nosotros fuimos al sur de México, al estado de Oaxaca, para pasar algún tiempo aprendiendo a amar a nuestro prójimo. Yo pienso que las experiencias de inmersión como ésta son como una especie de campo de entrenamiento para el discipulado.  Experimentamos los costos y las alegrías de amar a nuestro prójimo de una manera rápida y densa. El primer día no la pasamos viajando . El segundo día participamos en seminarios sobre la economía mexicana, la historia política de México, y particularidades culturales de la región. También desarrollamos una filosofía que nos serviría de guía en las relaciones que construiríamos en los próximos días.

El enfoque de esa filosofía era el siguiente: nosotr@s participamos en relaciones humanas complejas, determinadas por el poder y los privilegios que tenemos y otras fuerzas sociales fuera de nuestro control. Esto afecta nuestras relaciones con nuestr@s prójim@s mexican@s, aún antes de conocerl@s. Con el fin de participar en una relación significativa con ell@s, hay que prestar atención a cómo estas fuerzas sociales impactan nuestras creencias y nuestras decisiones. Esta es una filosofía grande y ambiciosa.

Nuestras líderes maravillosas de Acción Permanente por la Paz nos enseñaron a ver nuestros privilegios y nuestro poder como partes activas de nuestras relaciones con nuestros prójimos mexicanos. Nos enseñaron a ver cómo nuestro poder y nuestros privilegios influyen nuestras relaciones con ell@s de una manera activa. Nuestros privilegios nos aíslan de tal manera de que podemos elegir ignorarlos, si nos conviene, pero los mexicanos nunca tienen la opción de ignorarnos a nosotros. Nuestro poder económico y político influye sus vidas diariamente. Por eso, pasamos los siguientes días escuchando con mucha atención, para entender cómo ell@s perciben el mundo y cómo nuestro gobierno y las corporaciones estadounidenses afectan sus vidas.

Una noche, en un pueblo pequeño, me senté a hablar con Petrona,  Juan, y su hijo de 15 años, David. El hermano de Petrona migró a los EE.UU hace algunos años. El maíz estadounidense barato, vendido en su mercado, hizo que él no pudiera ganar suficiente dinero para cubrir los costos de sus cultivos. Así que salió de México a los Estados Unidos para buscar empleo, y  desde entonces no han sabido nada de él. Esto ocurrió hace años. Petrona se preocupa mucho por él y le gustaría venir a EE.UU para buscarlo, pero le costaría demasiado dinero y los trámites son muy intimidantes. Ella se pregunta si todavía estará vivo.

Petrona me llevó a una fiesta de cumpleaños para su sobrina Yolanda. Había mucha barbacoa, muchos familiares, un montón de pastel,  y much@s niñ@s. Yolanda se veía radiante con su delantal floral. Cumplió treinta y tres años. Hablamos un buen rato esa noche y ella me contó su historia. Yolanda se mudó a Anaheim, California con sus padres cuando era una adolescente, y vivió allí hasta hace cuatro meses.  Su marido, hija de cinco años, e hijo de siete años todavía están en California. Cuando Yolanda estaba en EE.UU, se quedó más tiempo de lo que permitía su visa, lo que resultó en la perdida de su estatus migratorio.  Yolanda regresó a su pueblo natal para tratar de regresar legalmente a EE.UU, pero el proceso es lento y ella no está segura de cuándo va a poder ver a su familia de nuevo. Los niños la llaman todas las noches llorando. Su hermana dice que nos les va bien  en la escuela, a pesar de que sus dos hij@s siempre han tomado clases avanzadas para estudiantes dotados y talentosos. 

Petrona me dijo que Yolanda es su sobrina favorita y que se alegraba mucho de que ella estuviera en su casa, pero que también estaba preocupada por l@s niñ@s., A ella le gustaría que los niños pudieran vivir más cerca, pero en realidad no hay trabajo para sus papás. Petrona y Juan sobreviven con lo que ganan del trabajo que hace Juan como jornalero, vendiendo los tapetes que hacen a mano, y cultivando sus propios alimentos. Se las han arreglado para comprar una computadora portátil para David, y a él le va muy bien en la escuela. Sin embargo se preguntan por cuánto tiempo se quedará en el pueblo después de graduarse.

Estas son las historias que escuchamos, unas pocas entre muchas, y las escuchamos porque elegimos escuchar atentamente. Decidimos no pagar por una habitación de lujo en un hotel, y en lugar de eso pasar la noche con Petrona, Juan y David. Y les digo, fue incómodo. Yolanda lloró cuando me contó cómo se sentía pensando en mí regreso a casa, viendo a mi hija Lucy, cuando ella no tiene ni idea de cuándo volverá a ver a su hija. Ella me pidió que le ayudara y que no la olvidarla. Por mi parte, quería fingir que yo no era como soy.  Quería poner un poco de contexto entre nosotras. Quería decirle que no controlo las leyes migratorias y que no soy responsable de cuánto tiempo sus hijos se permanezcan despiertos cada noche llorando… pero, ¿saben qué? Lo soy. Yo voto en este país y yo soy responsable de nuestras leyes migratorias. Yo soy responsable de las lágrimas de sus hijos. Soy responsable por el hermano de Petrona. Soy responsable por la opciones de trabajo y carrera de David. Yo soy responsable de estas personas porque son mis hermanos y hermanas como hijos de Dios, y porque mi vida impacta directamente a las suyas. Incluso si elijo ignorarlos, ellos no pueden optar por ignorarme a mi.

En la Iglesia de Plymouth decimos que nos dedicamos a crecer en el amor de Dios y el prójimo. Y esa es nuestra aspiración.  Sin embargo, como en cualquier relación, crecer significa cambiar. Significa dejar ir algunas cosas y abrirse a otras. Jesús nos invita a entrar en el pacto del discipulado. Como el pacto de matrimonio, el pacto del discipulado tiene que ser elegido libremente y con regularidad. Y el discipulado, como el matrimonio, nos cuesta algo, incluso mientras nos moldea en otra versión de nosotros mismos. Jesús habla muy claramente al respeto. Si nos parece confuso es porque elegimos no verlo claramente. Hace un momento él dijo, ‘los que quieran salvar su vida la perderán, pero quien pierda su vida por mi causa, la salvará’. Él dice, no tendrás una cama cómoda. Él dice, tendrás que renunciar a algunas obligaciones sociales importantes. Él dice, será difícil mantener algunas de tus relaciones. Él dice, esta decisión es importante. Te cambiará la vida. Y creo que nos está hablando a nosotros.

Si elegimos el discipulado, si tomamos la decisión de crecer en el amor, nos costará nuestra certeza, nuestras medias-verdades cómodas, algunas de nuestras relaciones, nuestro aislamiento y nuestras ilusiones. El amor por el prójimo, entrenamiento que acabamos de cumplir en México, nos costó todas estas cosas. No construimos ni un baño. No disfrutamos de la gratitud de la gente pobre recibiendo nuestros regalos preciosos. Nos sentamos a cenar juntos y escuchamos. Celebramos el trabajo duro, la sabiduría, y el valor de las mujeres que se dejan atrás mientras que sus hijos y hermanos y esposos buscan trabajo a miles de millas de distancia para apoyar a sus comunidades. Nuestras almas crecieron. La vida se hizo más abundante mientras que la compartimos. Ahora nos conocemos mejor a nosotr@s mism@s. Y amamos un poco mejor a nuestro prójimo porque sus historias se han convertido en parte de la nuestra. Demos gracias a Dios. Amén.